El auge del teatro con tintes eróticos en España

Desde los tiempos del Cabaret, es bien sabido que el teatro con tintes eróticos vende butacas. Lo que resulta más complejo de entender es porqué hoy, con una sociedad mucho más evolucionada y abierta respecto al sexo, todavía lo hace. No es fácil ofrecer una explicación, tal vez porque no hay una sola razón que lo justifique, pero lo que es un hecho indiscutible es que la cartelera acoge cada vez más obras teatrales con un fuerte componente erótico.

Mientras el erotismo en el cine parece ser un camino agotado debido a la sobreexposición de imágenes de contenido sexual que vivimos desde hace años, en otros ámbitos como la literatura y el teatro parece más vigente que nunca.

El fenómeno de 50 sombras de Grey es considerado por algunos como el detonante de esta nueva pasión erótica que nos invade.

 

Mientras que a unos pocos clics de distancia podemos acceder a todo tipo de material audiovisual de tipo pornográfico, el teatro erótico ofrece una experiencia totalmente distinta y con la que aún estamos muy lejos de llegar a saturarnos. La exposición de cuerpos desnudos en el escenario todavía es capaz de causar impacto en el espectador, a lo que hay que unir que muchas de estas obras que hoy en día cosechan tanto éxito en las carteleras, van mucho más allá de la búsqueda de una excitación sexual.

 

El teatro erótico no se basa en el sexo sobre el escenario. La importancia de la narrativa o del espectáculo en sí están al mismo nivel que el componente sexual, por lo que el espectador tiene claro que, a pesar de la temática, asiste a un espectáculo de teatro, no a una representación de porno.

Ello no quita que el teatro erótico sea capaz de estimular la imaginación y lograr excitación de tipo sexual. De hecho, hay un notable componente de voyeurismo entre quienes asisten a este tipo de obras. Un voyeurismo, podríamos decir, socialmente más aceptado.

 

Pero quizás el aspecto que resulta decisivo en el auge de este tipo de teatro es que, a pesar de su carga sexual, no deja de ser teatro, y por tanto, mantiene todas las variantes que este tipo de representaciones ofrece. El erotismo se mezcla con humor en ocasiones, con provocación o con drama en otras, e incluso con magia o con hipnósis.

 

Su gran logro es, en definitiva, ser capaz de mantener el interés en una audiencia que hace mucho que dejó de interesarse por los frustrados intentos del cine en relación al erotismo.

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